Después, cuando venga la noche, el viento arrastrará las hojas lejos de tus ojos. Y tu seguirás ahí, silencioso, detenido en tu señal de piedra, a esperar que otras vidas vengan a llenar tu vacío esencial dispuesto a cualquier suceso que te permita existir. Entonces te convertirás en meditabundo, grave, arriesgado, heroico, frívolo, sentimental, histriónico, perverso, patético, tierno, esquivo. Y cada vez serás el mismo, sólo un cazador engañado en una teleraña interior, soñando habitualmente vientos metafóricos que arrastran las hojas de la vida, mientras la vida pasa a tu lado erosionandote los ojos y las manos, irremediablemente, camino de ti.