''O rostro da terra'' donde la escrita de la luz determina la memoria del paisaje. Paisaje ensimismado, que se revela y se oculta, que se descifra en códigos secretos, que se mira a través de sí mismo, formando unidad desde el espectáculo no desde el asombro. Se descubre desde un tiempo interior de sombras y luces, de efímeras certezas, de veladas verdades.
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Siempre en el límite definiendo, captando lo inapreciable, descifrando lo sombrío, expresando, la busca de lo inefable. El ensueño, la sugerencia, la sensación de lo que percibimos con los ojos cerrados, tras abrirnos a la luz deslumbrante del secreto.
Del Prólogo
Julio L. Valcárcel
''O vento leva as últimas chúvias''
''Con palavras sen rostro''
''sácasme de min,''
''da inmobilidade da sombra.''
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