He aquí tenemos entre las manos, en los tiempos de la imagen, lo que quiere ser un recetario para reconocernos en nuestro propio e infinito escenario. Territorio de la "Galiza santa de romeros y juglares..." que cantó Cabanillas. Por mucho que no se quiera, parte nuestra, la que, a pesar de los miedos y de las negaciones, guardó las esencias de la identidad y con el esfuerzo del trabajo o de la emigración, resistió y nos hizo posibles. Hito y referente de futuro.
Al pasar las páginas de este libro, entre foto y foto, es como si hubiéramos abierto ventanas al espíritu de la tierra, para encontrarnos con el intemporal Nosotros que fuimos y somos. Nos introducimos aquí en un permanente convite de luces y sombras. Materia prima, abecedario, catecismo, para educar la ética y la estética fuera de la domesticación consumista. Cierto es que a la naturaleza no podemos mejorarla, pero sí respetarla. Cosa que los de antes intentaban, devotamente en ella ponían a los dioses y a las diosas.
Fotos como ventanas, a las que no les hace falta texto, que se abren al escenario rural de Galiza, ese confín del mundo, cargado de misterios y nostalgias. Fisterras que desde el oriente de las alboradas emproan hacia el occidente de los atardeceres, celebrando al sol, a Venus, hecha concha y vida. (...)
Como recomendación para el viaje de internarnos en el escenario del Nosotros, hace falta repetir las manías del sabio don Ramón Otero Pedrayo: andar por el mundo con la mochila del saber sentir, de "distinguir" con todos los sentidos puestos el "devalar", ese permanente devenir heraclitiano: todo cambia, nosotros también y siempre entre esas ruedas que enredan en bucles de gusanillos pasado y presente. Solamente poniendo todos los sentidos en su sitio, también los de la intuición podremos introducirnos en una especie de viaje iniciático, de "Juego de la Oca", entre paisajes y paisanajes, para desaparecer nieblas y sombras, para reconocer viejos caminos y sentirnos parte animista, panteísta de ese devalar: camino, congostra que serpea por los yermos, entre los espesos bosques, atravesando por puentes antiguos ríos que siempre van al océano de la Atlántida... viejos caminos, hechos por los pies de los caminantes, vigilados por conventos, ermitas o castillos. (...)
En ese andar por la vida hemos comprobado, como es gente de fuera la que mejor reconoce y nos hace ver, distinguir, partes del Nosotros. Ellos, como si de magos se tratara, nos introducen en aquello que no nos prestamos a entender, a pesar de ser parte nuestra. Entretanto nos perdemos en otras extrañas y alineantes mimesis. Este es el caso de Gwendolyn Luo, ella que viene de las casas del sol naciente, enciende aquí, en los pétreos altares del atardecer, en nudos, conciencias ardientes. (...)
(...)
Nosotros somos y seremos parte de eso, y aquí, en este principio y fin, antes, ahora y futuro, nos encontramos. Una manera de sacerdotisa del extremo oriente, con su cámara, nos hizo entender mejor nuestro extremo occidente.
(extraído del Prólogo realizado por Felipe-Senén López Gómez)
Galería de imágenes: [http://www.baiaedicions.net/fisheye/view.php?gallery_id=7|Terra e Nostalxia]